Regresar.
Han sido casi dos semanas de lo que podría llamar aislamiento. Sabía bien que me hacía mucha falta alejarme de todo, jamás esperé que fuera a costa de esta tos que ya hasta quiero. Qué le hace una, eso de encariña con las cosas que duelen en el pecho.
Y la verdad es que pese al encierro han sucedido infinidad de cosas. Recuerdo ese lunes como si hubiese ocurrido hace tanto tiempo... y esa firmeza y certeza con la que me dije: estoy depre.
Fue como abrir una puerta, una puerta por la cual entraron recuerdos, futuros y presentes, arremolinados en una mezcla casi Frankensteiniana.
No es que esté del tono sana, pero sí tengo ya la fuerza y el deseo de salir.
Tuve que dar una clase en CU, sí regresé a mi amada CU, la ví tan hermosa, tan luminosa en un momento en que más bien yo veía gris. Me habían invitado del Programa Universitario del Medio Ambiente a hablar de tv educativa. Cuando recibí la invitación acepté sin dudar, de haber sabido el dolor de garganta que tendría ese día, hubiese dicho un no rotundo, pero hace tiempo perdí (y como lo agradezco) ese ominoso don de ver más allá del hoy. Con todo la experiencia fue muy grata.
Encontré una hermana.
Recordé a Sabato.
Me reencontré con un sapo.
Leí a tumbos, algo de Rulfo, algo de Pedraza, mitos...
Hasta mis sueños regresaron, tuve uno tan, tan hermoso. Llegaba a través de un hermoso bosque a un castillo, un castillo de color purpura. Yo llegaba ahí como invitada, y pasaba días maravillosos, sabiendo que aún cuando estuviera alejada de todo las cosas estarían bien, que no había nada de que preocuparse. Un día, me dijeron que me mostrarían algo nuevo, algo que sólo se daba a los invitados más queridos... y me enseñaron a volar. Sí, volaba, volaba por ese bosque, mirando todo desde arriba, sintiéndo la brisa en mi cara, la maravilla de mirar todo desde otro ángulo, y volaba y volaba todo cuanto podía, mientras me duraban las fuerzas, hasta quedar agotada. Un día, fuí llevada ante el señor del castillo, entonces, él me preguntó que era lo que más deseaba, y yo le pedí: déjame vivir aquí. Él me miraba sonriendo, con una dulce y brillante sonrisa y me decía: "falta poco para eso, falta muy poco". Fue la primer noche que realmente dormí y descansé un poco.
Siempre he buscado hacerme de esos espacio, en los cuales paso de todo, me alejo de todo, tiempo que necesito para pensarme, para que esta mi cabeza inquieta descanse un poco, trabaja demasiado, demasiado a veces incluso en contra de lo que yo quisiera. Hacía más de dos años que no había podido hacerlo, estos últimos meses, este último semestre, ha sido brutal, demasiado exigente, demasido estresante. Era lógico, tarde que temprano iba a reventar, a tronar.
Vale, no pasó de una bronquitis.
El viernes recibí una llamada que me alegró mucho, "espero estar el lunes lista para ir a trabajar", le dije, "yo hablé porque quiero saber cómo estás, porque me preocupo por ti, no para presionarte para que regreses, si el lunes estás bien, nos dará mucho gusto tenerte de vuelta, si no, quiero que descanses y te recuperes.", contestó él... Sí, sabes muy bien como hacer sentir bien a tu gente.
Debo agradecer también a mi equipo, lo siento, los dejé justo en cierre y con crisis de reportitis. Gracias por su apoyo, muchas gracias, de corazón.
Mañana será un nuevo día, vaya que lo será... He regresado... y aprendí a volar.

Yo no enfermé, o quizá si lo estaba y no me daba cuenta, pero también encontré una hermana.
ResponderBorrarMuchísimas gracias, Strega
Na que agradecer, es mutuo ;)
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