Ingmar Bergman
Cuando alguien como el maestro Bergman se va, lo menos que uno siente es, además del dolor de perderlo, vacío, desolación, tristeza, desamparo, soledad... porque con él hemos perdido un espejo que brindaba reflejos que nos ayudaban a conocernos, a construirnos, a encontrarnos en momentos de confusión, de obscuridad. Bergman y su obra siempre han brindado luz cuando mi noche se vuelve de tormentos.
Entre las películas que más amo de él está El manantial de la doncella, donde cuenta exquisitamente una vieja leyenda medieval. Y en El séptimo sello nos regaló una de las representaciones más extraordinarias y soberbias de la muerte.
... Fresas Salvajes lo menos que hace es inquietarme, con este trabajo impresionante que realiza en torno al sueño, la nostalgia, la remembranza, la añoranza.
Fanny y Alexander es como un pequeño paraiso, un mundo al que de pronto uno desearía regresar, esa infancia dulce y beatífica...
Bergman, gracias... dulces sueños.

Yo me había quedado con las de su etapa costumbrista, como El manantial de la doncella o El séptimo sello, pero sobre todo esta última. Aunque no se aprecie el cine de Bergman, la imágen de el Caballero jugando al ajedrez con la muerte es algo que puede evocar cualquier persona..
ResponderBorrar(Cosas que solo son posibles en el blog de Strega:
Encontrarse una foto de Bergman justo encima de otra de Walter Mercado.)
Tengo una amiga que escribió un correo maravilloso sobre él, hace no mucho conversamos sobre nuestras admiraciones, ella hacia Bergman y yo hacia Edgar Morin. Así que ayer en cuanto supe la noticia le escribí para hacerme solidaria con ella, y hoy ha escrito un correo tan hermoso, tan sentido, tan de alguien que realmente ama profundamente y sabe leer más allá de la obra hasta descubrir al ser humano... Sólo seres como Bergman son capaces de despertar algo así.
ResponderBorrarDioj mio, que cosa horrible hice ¿verdad? bueno, lo más decente por hacer es cambiar de lugar unos párrafos abajo la fotiux del Waltercillo.